No lloraré si es que puedo llorar, en cambio de eso no haré de mi existencia un vaso añejo y podrido, disfrutaré la nueva inmortalidad que me regalaste, susurraré tu nombre por las calles de París, grabaré tu apellido en las paredes de mi hogar, con letra cursiva como te gustaba a ti... Bajaré estrellas para alumbrar mi tumba y dibujaré un retrato de tu viva imagen en mi mente, por que tú me recuerdas lo hermoso que es "vivir".
Julian, mi querido Julian, jamás te conté mi pasado, jamás te dije mis reproches, quisiera que lo oyeras, ¡Por dios como quisiera que realmente lo oyeras!
¿Es que ya es tarde para retractarme de mis pecados? ¿Es difícil para alguien de nuestra especie asumir que usamos mal nuestra existencia? ¿O sólo para eso existimos? ¿Para matar, para entregarnos a los placeres vanos o mundanos de nuestra especie? si es así, eso no nos hace muy diferentes de los mortales.
Un día Domingo Julian, 4 de enero de 1970, el día en que el reloj se detuvo para mí.
¿Sabes Julian? Muchos lo desean, nuestro poder, es deseable por muchos mortales, pero yo no lo deseaba, yo no lo necesitaba, pero eso ella no lo entendió.
Era hermosa, sus ojos eran grandes y negros, maquillaba muy bien sus párpados de color rojo, sus labios también, eran perfectos, gruesos, deseables por cualquier hombre, sus movimientos eran elegantes y sotisficados, no había alguien en París que la igualara y fue eso precisamente lo que le llamó la atención a mi madre; una muchacha de 16 años estaba en edad de contraer matrimonio y si quería un buen partido para ella y su familia no debía decepcionarlo, para mi madre era un oportunidad única que una de sus hijas tuviese a una madrina con la altura social que tenía Madame Colette, así que no desperdició ese momento, cuando Colette publicó en unas de las reuniones del club, que su ahijada se había casado con un exitoso empresario Inglés, ahora por supuesto podía ayudar a otra a conseguir tal premio.
Me sentí vendida Julian, por mi Madre, por mi Padre que no trató de impedirlo aún cuando lloraba desesperada a sus pies.
- Yo secaré tu tristeza - me decía Colette todas las noches cuando me veía llorar, realmente se convirtió en mi madre y padre, su amabilidad me cegó por completo, por que yo la amaba, realmente la amaba, como a una hermana que me enseñaba todo lo que debía saber para desenvolverme en su mundo.
Pero tenía una extraña enfermedad, yo jamás la veía en el día, y los médicos decían que sufría de anemia, que debía beber sangre a falta de esta y que su palidez era a causa de la enfermedad y que por nada del mundo debía exponerse a la luz del sol...Já que tonterías, me lo había creído todo Julian, y rezaba todos los días rogando por su recuperación.
Cuando cumplí los 17 no los celebré, por que sólo quería estar con ella, cuando comenzaba a oscurecer, entusiasmada me vestí muy elegante, mis medias blancas con mis zapatos de charol y un vestido rojo hermoso y un pequeño tapado para mis hombros, todo eso regalos deColette , realmente quería verme hermosa, me maquillé como ella me había enseñado, me vestí como ella me había malcriado, todo lo aprendí, todo de ella.
- Mañana para tu cumpleaños, quiero que te veas radiante, te tengo un hermoso regalo... - No podía defraudarla ¿Entiendes Julian?
Pero ella terminó defraudandome, me atemoricé, traté de esconderme, debajo de la mesa, corrí detrás del sofá, boté unos cuantos jarrones, mi rostro horrorizado no dejaba de verla para comprender que era, la luz que había encendido dejo al descubierto su extraña forma, sus ojos color carmesí, su rostro sediento de algo que yo no comprendía y sus colmillos que apretaba con gran éxtasis su labio inferior; mi corazón palpitaba tan rápido que me asusté más de mi palpito que de la propia Colette, "No debía ser así mi niña", pronunciaba con una tranquilidad que más tarde llegue a odiar, "Debías ser mi alimento, como las otras, pero no pude... no lo entendía, realmente puede haber sido... ¿que te llegue a amar?" ¿Amor? ella no lo sabía, ni aún en su vida de humana comprendió lo que es amar...
Cuando al fin me atrapó, le pedí que me matará, ella no paraba de repetir que me convertiría y que al fin había encontrado una compañera, entonces la encontré tan egoísta, sólo pensaba en ella, ¿Compañera? una compañera no es egoísta como ella; sentía como mi corazón latía hasta el limite máximo, entonces ella movía sus colmillos en mi cuello diciendo que me callara, mientras aún con las pocas fuerzas que tenía le susurraba que me matara, permanecí quieta, vacía, con la mirada perdida, como en un trance de constante infelicidad, no hacía nada, ni siquiera la maldecía como me gustaría haber hecho, entonces comencé a sentir una pasión dentro de mi cuerpo, ella clavó sus colmillos en su muñeca izquierda e hizo deslizar la sangre por su brazo, la contemplaba como una mujer contempla una joya, desparramo parte de su sangre por mi cuello, mientras yo permanecía sentada mirando al techo, ella dejo caer su sangre sobre mis labios que lentamente bajaba hacía mi cuerpo, "bebe de mi muñeca", ordenó y yo obedecí y comencé de apoco a succionar esa sangre que me hacía enloquecer, la intensidad se hacía más grande y tome su muñeca y la apreté con tal de que no la alejará, no quería soltarla, "Basta", me advirtió pero yo no hice caso alguno, "Ya basta, tendrás tu propio alimento", se alejo de su lugar y arrastró un cuerpo que luego comprendí que era la sirvienta, "Está durmiendo, ahora ya sabes que hacer", fue la primera víctima, la primera mujer a la que maté, la mujer que me acompañaba durante el día esperando la noche para estar con Colette.
Julian, ella no sabía nada, tu me lo enseñaste todo, con ella aprendí a matar, a buscar la exquisita sangre en los jóvenes, maté a tantos como tú...
Aprendí a robar, a Colette le encantaba las joyas, los vestidos, el dinero, pero sólo eso Julian, la melancolía de mi corazón y el vacío de mi existencia me volvían loca, por que era lo único que me acompañaba, no tenía propósito y sólo mataba para alimentarme, sobrevivir,Julian muchas veces quise dejar de existir, cuando a los años después supe como hacerlo, fui cobarde, muy cobarde por que las ganas de vivir no las tenía, la inmortalidad puede ser muy cruel Julian, solo hace que la soledad te acompañe, que sea tu única amiga.
Colette me abandonó cuando ya no le servía, quería matarme, y aunque era lo que deseaba, morir, no pude por cobardía y escapé a donde no podría encontrarme, lo más lejos posible.
Fue cuando te encontré, yo dormía en mi ataúd a punto de levantarme en esa horrenda casa y al salir, estabas tú, sonriente y majestuoso, me alegré por que sabía que no era la única, que Colette no era la única.
Lo prometimos Julian... ¡Lo prometimos! Prometimos que descubriríamos el mundo, conoceríamos todo acerca de él, buscaríamos a más de nuestra especie, que conoceríamos todo acerca de nosotros, nuestro pasado, ¡nuestro origen Julian! prometimos que sobreviviríamos...
Y te mentí una vez más, dije que no lloraría, pero lo estoy haciendo, aunque no bote lágrimas, por dentro nuevamente estoy muriendo.
Julian, en donde estás... ¿Existe el calor? aquí hace mucho frío.
martes, 19 de enero de 2010
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